jueves, 14 de febrero de 2013

Caricias.

Había decidido que lo más inteligente sería hacer un café. Llevaba toda la noche rellenando papeleo sobre el caso, y no era capaz de concentrarse. Por lo que no había podido completar un solo papel sin tener que hacer un tachón.
Puso la máquina a funcionar y mientras esperaba apoyó las manos en la encimera.
Tener que resolver el caso con la ayuda de Richard Castle había sido peor que cuidar de un niño de cinco años. Debía reconocer que había sido de gran ayuda, pero estaba más cómoda trabajando sola.
Y cuando la invitó a cenar, tubo la tentación de decir que sí, pero luego recordó quien era Richard Castle. Lo único que quería era llevarla a la cama. Y ella no quería ser una más en su lista. Debía reconocer que el escritor la atraía bastante, pero tenía orgullo y no quería ser una más.
El sonido de la cafetera la sacó de sus pensamientos. En el momento en el que intentó moverse sintió unas manos en su cintura. Y se tensó. Sabía quien era.
-¿En que piensa detective?-susurró en su oreja.
Y ella se estremeció. No era inmune a los encantos de ese hombre. Por mucho que lo negara, el escritor la atraía. Y mucho más de lo que ella jamás admitiría.
Las manos de su cintura se movieron de forma ascendente, parándose justo debajo de sus pechos. Ella cerró los ojos y suspiró. Esa simple caricia la había excitado. El escritor pegó su cuerpo a su espalda y ella se apoyó en él.
¿Para que resistirse? No lo iba a ver más y unas caricias no hacían daño a nadie.
La detective pasó su brazo por el cuello del escritor y lo acercó a ella. Quería besarle, y así lo hizo. Él no se opuso.
Las manos se movieron hacia sus pechos, cubriéndolos y acariciándolos. Y ella gimió. Y cuando se separaron, él siguió por su cuello. Besando y mordiendo. Ella cerró los ojos y se dejó hacer. Le gustaba demasiado. Pero cuando él comenzó a desabrochar los botones de su blusa, decidió que eso era demasiado. No quería llegar tan lejos. Unos besos y caricias estaban bien. Pero no iba a acostarse con él.
Se giró y lo miró. Él la miraba con deseo y con ganas de comérsela. Una extraña sensación de satisfacción recorrió su cuerpo y, siendo un poco brusca, lo agarró por el cuello y lo besó. Él no se quedó atrás. Puso las manos en la cintura de la mujer y la apretó contra él. Y ella volvió a gemir. Lo había sentido. Y cada vez estaba más excitada.
Él dejó de besarla y volvió a besar su cuello. Ella giró un poco la cabeza, dándole un mejor acceso a su cuello. Y él se entretuvo jugando en esa zona. Cuando se cansó fue bajando hacia su escote. Estuvo besando esa zona un rato, hasta que decidió hacer una cosa. Sonrió, sabía que se enfadaría. Mordió y chupó la zona del pecho izquierdo que la blusa dejaba al descubierto. Ella gimió más sonoramente. Y él lamió esa misma zona. Y miró la marca. Tenía un tono rosado, mañana querría matarlo.
Ella lo agarró por la nuca y lo acercó a su boca. Quería besarle.
El escritor llevó sus manos al trasero de la mujer e hizo que esta enrollara su cintura con sus piernas. Y en ese momento ambos gimieron y se besaron con más ganas.
La sentó en la mesa y siguieron besándose. Cada vez con más ganas, cada vez con más pasión.
Pero cuando él empezó a desabrocharle los botones de la blusa, ella decidió que ya era demasiado  No quería ir tan lejos con él. No quería ser una más en su lista. Lo apartó de ella y se bajó de la mesa. Se abrochó los botones de la blusa y caminó a la puerta. Antes de salir, se paró y lo miró. Y esa imagen la perturbó más de lo que quisiera.
Allí estaba él. En medio de la habitación, despeinado y con la respiración entrecorda. Impulsivamente se acercó a él y lo besó.
Esta era la última vez que lo vería, y no quería quedarse con las ganas de besarle  De todas las maneras posibles. Se alejó de él. Acarició sus labios y miró sus ojos. Sonrió. Le dio un pequeño beso en los labios y se alejó de él. Esta vez sin mirar atrás. Recogió sus cosas y abandonó el lugar.
Y él seguía en el mismo lugar. En medio de la sala de descanso. Respirando entrecortadamente. Acarició sus labios y sonrió. No podía alejarse de esa mujer. Quería tenerla cerca. Quería hacerla suya. E iba a hacer todo lo posible por estar a su lado. Hasta conseguirla.
-Detective Beckett, vas a ser mía.-sonrió.
Y él también abandonó el lugar. Jurando que encontraría la forma para no separarse de esa mujer.
-Fin-

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