martes, 2 de noviembre de 2010

Jueves.

Disclaimer:La historia me pertenece y esta basada en la canción "Jueves".Queda prohibida su copia total o parcial.
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Llevo meses esperando tener el valor necesario para hacer lo que tengo pensado. Hoy, después de dos meses, le diré al amor de mi vida lo que siento. Tengo miedo de que me rechace porque no soy lo suficientemente guapa para él. Pero tengo que decírselo, debo decírselo. No me puedo callar más. El sentimiento que tengo hacia él crece cada día más.
Cuando acabo de vestirme me miro al espejo.
Llevo puesto una camisa blanca con una falda preciosa que me llega por encima de las rodillas.
Paso mi mano por la tela de la falda y suspiro.
Me había comprado esta falda por mi mejor amiga.
Recuerdo perfectamente lo que me dijo cuando me vio con ella.
Flashback.
Mi amiga me miró con al boca abierta.
-Me queda mal lo sé-dije-Mejor la dejo-me di la vuelta para meterme al probador.
-¡No!-gritó agarrándome del brazo-Te queda genial. Cómpratela y póntela el próximo día que lo vayas a ver-sonrió.
-No sé...-dije no muy convencida.
-Te sienta de maravilla, creeme. Si cuando te vea con esa falda no se derrite, es que es gay-dijo mi amiga con cara seria.
Me reí por su comentario.
Me di la vuelta y me miré en el espejo.
La falda no me quedaba tan mal.
Sonreí y miré a mi amiga.
-De acuerdo, me la llevo.
Mi amiga sonrió y me abrazó.
Fin Flashback.
De eso hacía ya seis días. Después de comprarme la falda empecé a arrepentirme. Pero mi amiga no me dejó devolverla y, para asegurarse de que no la devolvía, le arrancó la etiqueta.
Así que, aquí estoy, delante del espejo, con una falda preciosa y dispuesta a declararme.
Me miro por última vez en el espejo, cojo mis cosas y me voy.
Llego a la estación de tren y me siento a esperar.
A los cinco minutos aparece el tren.
Cuando entro y lo veo aguanto la respiración. Ahí está. Sentado en el mismo sitio de siempre. Y tan guapo como el primer día que lo vi.
Me dirijo al asiento que está en frente de él y me siento.
Lo miro y me doy cuenta de que no puedo, no puedo decirle lo que siento.
Él es demasiado guapo y yo...yo...soy una chica como otra cualquiera.
Seguro y no se fija en mí.
Él mira por la ventana. Se lleva una mano a los ojos y bosteza.
Noto como mi vista se nubla. Llevo mi mano a los ojos y me doy cuenta de que voy a llorar. Cierro los ojos y algo húmedo desciende por mis mejillas. Rápidamente las seco con mis manos, no quiero que piense que estoy loca.
Cuando abro los ojos, me cuesta respirar.
Empiezo a temblar.
Él...él está caminando en mi dirección.
Se sienta a mi lado y me mira.
-Hola, me llamo Juanjo-dice sonriendo.
-Hola Ju-Juanjo-Dios....debe de pensar que soy tonta-Yo me llamo Marta.
-Encantado de conocerte Marta-sonrío vergonzosa-Esto va a sonar extraño, pero…te he echado de menos...y sin conocerte-lo miro con los ojos abiertos-siempre viajo ene este tren porque sé que te voy a ver.
Sonrío.
Juanjo agarra mi mano y empieza a acercarse para besarme.
No soy consciente de nada de lo que ocurre a mi alrededor, para mí el tiempo se ha parado.
Falta poco para que me bese, un poco más y...
Todo se vuelve oscuro.
Lo único que escucho son gritos y llantos a mi alrededor.
No entiendo lo que pasa.
Intento moverme pero no puedo. Me encuentro muy débil y algo pesado oprime mi barriga.
-Ma-Marta, ¿estás bien?-esa voz...¡era él!
Levanto mi mano y sonrío al acariciar su mejilla. Él sonríe.
-Juanjo-digo en un susurro.
Me encuentro muy débil y me cuesta respirar.
Sé que debo despedirme.
Agarro la cara de Juanjo.
Lentamente me acerco a él y lo beso.
Este es el mejor beso de mi vida.
                                                                    Hoy es un día especial.
                                                              Hoy, 11 de Marzo, estoy feliz
                                                              Hoy, 11 de Marzo, estoy triste.
                                                       Hoy, 11 de Marzo, besé a mi gran amor.
                                                     Hoy, 11 de Marzo, debo despedirme de él.
Me separo de él y suspiro.
-Te quiero-me dice.
Sonrío.
He escuchado lo que deseaba que saliera de sus labios.
Siento mucho no poder despedirme de mis seres queridos, pero estoy feliz de estar al lado del hombre que amo.
Suspiro y dejo que la tranquilidad de un sueño me lleve con el.

                                                         Un sueño, del que estoy segura
                                                               y no voy a despertar.
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Aaaaaahiiiiiiiiiii!!  me ENCANTA  esta canción.
La primera vez que la escuche lloré....  :(
Es una de mis canciones preferidas...
Me encanta porque esta basada en hechos reales, y eso es algo que me gusta...
Pero me da pena por toda la gente que murió...  :(
Que susto me acaba de dar este sitio...pensé que se me había borrado...
Chao  :)

lunes, 1 de noviembre de 2010

2ª Parte. Sueño de Sheila

Disclaimer:La historia me pertenece y esta basada en un sueño de una amiga mia.Queda prohibida su copia total o parcial.

Sheii, noviia, aquí tienes tu segunda parte, que aún no leiste!!  (L) tQiiero!!
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-¡Cecilia!-gritó mi madre-¡Date prisa o llegarás tarde!
-¡Ya voy mamá!-grité.
Salté la maleta que estaba en el suelo.
Me puse delante del espejo y recogí mi pelo para hacerme una coleta.
Al recoger todo el cuello dejé al descubierto mi cuello, donde tengo una larga cicatriz. Me quedé mirándola durante un rato.
Me solté el pelo, que cayó sobre mi espalda.
Seguía teniendo la mirada fija en el espejo.
Levanté mi mano derecha y acaricié la cicatriz.
Esa imperfección estaría toda la vida conmigo, recordándome que podría estar muerta.
Los primeros meses después del incidente fueron los peores.
Flash Back.
Cuando me desperté me sentía confusa.
No sabía donde estaba.
Todo a mi alrededor era blanco y silencioso. El único ruido que escuchaba era el "pi-pi" de una máquina.
Intenté girar mi cabeza, pero un dolor en la parte izquierda de mi cuello me lo impedía.
Me llevé la mano al cuello y lo noté vendado.
Una incomodidad en el medio de mi brazo hizo que lo estirara.
Dirigí mi vista a ese lugar y tenía una aguja clavada.
Mi muñeca estaba cubierta por una venda manchada de sangre.
El resto del brazo tenía pequeñas tiritas.
Miré el otro brazo y estaba igual.
Estaba empezando a asustarme.
¿Qué me había pasado?
Pequeñas imágenes de lo que había sucedido vinieron a mi mente.
Un hombre metiéndome en un coche, un fuerte dolor en mis muñecas, un cuchillo en mi cuello, un grito, una ambulancia...
Empecé a entrar en pánico.
¿Por qué me habían hecho esto?
Me puse a llorar.
Me arranqué la aguja del brazo.
Moví mi cuello y el dolor se hizo más fuerte.
Empecé a gritar y a patalear.
Alguien agarró mis manos y las puso contra la cama.
-¡Llama a un médico!-gritó un chico.
Sus manos en mis muñecas estaban produciéndome mucho dolor.
El chico me inmovilizó los brazos, pero seguí dando patadas y moviendo el resto de mi cuerpo.
Una persona entró y se acercó a mí.
Sentí un pinchazo en el lugar donde antes había estado la otra aguja.
Seguí moviéndome un poco más, pero el cuerpo poco a poco empezó a pesarme.
El chico soltó mis muñecas y lo agradecí.
Sentí como acariciaban mi cabeza y luego me quedé dormida.
Cuando me volví a despertar estaba mucho más calmada.
Alguien se acercó a mí y me dio un beso en la frente.
La miré extrañada, ¿por qué me besaba?, ¿quién era?
Puso su mano en la mía y la acarició.
La miré y sonrió.
¡Ahora me acordaba!¡Era mi madre!
La puerta se abrió y unos chicos aparecieron detrás de ella.
Todos tenían los ojos rojos e hinchados.
Parecía que no habían dormido mucho últimamente, ya que una sombra oscuro aparecía debajo de sus ojos.
Los chicos me miraron y sonrieron.
Una de las chicas se marchó corriendo.
El resto entró en la habitación.
Mi madre se alejó de mí, la miré asustada.
¿Por qué no se quedaba a mi lado?
Tenía miedo de que esos chicos me hicieran daño.
Sabía muy bien que las personas era muy crueles.
La chica de antes apareció por la puerta, acompañada de un chico.
Entraron a la habitación y se acercaron a los otros chicos.
El cuarto se quedó en silencio.
Yo no apartaba la vista del grupo de chicos, tenía miedo de que si miraba hacia otro lado pudieran hacerme daño.
La chica me miró a mí y luego al grupo, les dijo algo y ellos negaron.
Ella suspiró y me miró.
Sonrió y se acercó a mí.
-Hola Ceci-esa voz, yo la conocía-No tenías muy preocupados. Menos mal que despertaste. Pensamos que te ibas a morir-dijo en broma.
Los otros chicos le echaron una mirada desaprobatoria.
Le sonreí.
Ya me acordaba de ella, era Ángela, una de mis amigas.
Miré el grupo y los recordé, eran mis amigos y...mi novio.
No podía creer que tuviese novio, ¿cómo es que nunca me diera cuenta de lo malos que eran los hombres?
Jose, el que era mi novio, se empezó a acerca a mí.
Empecé a respirar con dificultad, su cercanía me inquietaba.
Movió su mano en dirección a mi mejilla y la me tocó.
No lo aguanté más y me puse a gritar mientras me alejaba de él.
Tenía miedo a los hombres.
Uno me había hecho daño, ¿quién me podía asegurar que el resto eran buenos?
Ángela me abrazó.
Mi madre pulsó un botón y unas enfermeras aparecieron por la puerta.
Una se acercó al suero e inyectó algo en el.
La otra enfermera sacó a los chicos de la habitación.
Se acercó a Ángela para echarla.
-¡No!-me notaba cansada-Quiero que se quede.
Y otra vez, volví a dormir.
Pasó un mes y me dieron el alta.
Mis amigos había venido a visitarme varias veces, pero sin los chicos, no los quería cerca.
Ángela se había preocupado mucho por mí. Nos habíamos hecho buenas amigas.
Todavía no estaba curada del todo.
Las heridas de mis muñecas y cuello aún no curaran.
Una consecuencias de todo lo que me había pasado era que por los cortes en mi muñeca, no podía mover con facilidad las manos.
Cada vez que intentaba agarrar algo, un fuerte dolor en las muñecas me impedía hacerlo.
Para volver a recuperar algo de la movilidad de mis manos me mandaran escribir algo cada día.
Obviamente tenía muy mala letra, era como un bebe aprendiendo a escribir.
Yo no hablaba, no me sentía con la suficiente fuerza como para hacerlo.
El médico había dicho que era algo temporal, que en una semana o dos volvería a hablar.
Una semana se combirtió en un mes, un mes en dos...
Mi madre y amigos estaban muy preocupados por mí.
No hablaba, no comía, no salía a la calle, no dejaba que ningún hombre se me acercara o me tocara.
La única persona con la que yo podía llegar a hablar era con Ángela, pero nunca, bajo ninguna circunstancia, hablábamos de lo que me había ocurrido.
Con el paso del tiempo la movilidad de mis manos había mejorado un poco, todavía me dolía, pero era soportable.
No era capaz de salir a la calle porque tenía miedo de que otro hombre me quisiera hacer daño.
Me pasaba todo el día encerrada en casa, callada e intentando escribir.
Al tercer mes mi madre no aguantó mi silencio ni mi miedo a los hombres, así que decidió mandarme a un psicólogo.
Lloré muchísimo para que mi madre no me hiciera salir de casa.
Mi madre cedió y la psicólogo vendría a la casa.
Había pedido que Ángela estuviera conmigo siempre que me tocara hablar con ella.
Los primeros días fueron los peores, yo no quería hablar de lo ocurrido y la psicóloga, me había negado a que fuera un hombre, no hacía otra cosa que preguntarme sobre ese tema, preguntas que yo no contestaba.
Cada día, después de la sesión con la sicóloga, me encerraba en mi habitación a llorar.
No podía evitarlo, a mi mente venían las imágenes de ese día y no podía aguantarlo.
No fue hasta la tercera semana que empecé a hablarle a la psicóloga.
Había decidido que necesitaba curarme, no podía pasarme toda la vida encerrada en casa y temiendo a los hombres.
La mujer me hizo contarle todo lo que ocurriera en aquella caseta.
Al principio no podía evitar llorar mientras lo contaba.
El simple echo de recordarlo me producía escalofríos.
Poco a poco volví a salir a la calle.
Al principio solo daba un pequeño paseo cerca de mi casa, con el paso de los días me atreví a ir a las casas de mis amigas y al cabo de un mes era capaz de salir a cualquier sitio.
Pero siempre iba acompañada.
Tenía miedo de que al ir yo sola por la calle me volvieran a atacar. Me sentía más protegida con compañía.
Lo que más me costó fue dejar de tenerle miedo a los hombres.
No podía evitar pensar que cada hombre que me miraba, se me acercaba o me tocaba quería hacerme daño.
La psicóloga me dijera que era mejor si empezaba por acercarme a mis amigos chicos.
Sabía que podía confiar en ellos, pero aun así el miedo seguía ahí.
Con los chicos los primeros días era un poco incómodo.
Ellos no sabían que decir para no incomodarme y yo no tenía plena confianza en los chicos.
Fue pasando el tiempo y empecé a hablar con más soltura con ellos.
Me llevó tres semanas poder dejar que me abrazaran sin que gritara o que se acercaran a mi sin que respirara con dificultad.
Cuando confié plenamente en mis amigos llegara la hora de superar el temor que tenía hacia otros hombres. Eso me llevó mas tiempo.
No podía confiar en la gente que no conocía y por mucho que lo intentara o podía olvidar que el que me había atacado era un desconocido.
Fin Flashback.
Al cabo de dos mese superé mis problemas. Bueno, no completamente, aún desconfiaba de los hombres que no conocía, todavía me asustaba que un hombre se acercara mí o pasara por mi lado de repente.
Y aquí estoy, con 17 años y a punto de irme de excursión de fin de curso en un autobús repleto de adolescentes hormonales a un lugar desconocido con muchísima gente que no conozco.
No tengo al letra bonita de antes, ahora más bien son garabatos, pero unos garabatos que me encantan porque significan que conseguí superar mi trauma.
No sé, ni quiero saber, lo que le pasó al hombre que me hizo sufrir, pero ojalá y esté pagando por lo que me hizo.
Yo ya no soy como antes, soy más madura y desconfiada.
Por suerte mi novio esperó a que superara mi miedo por los hombres, y ahora estamos juntos.
Sabe que no todo va a ser como antes, pero me está dando el tiempo que necesito para confiar plenamente en él.
Desde que todas mis heridas se curaron, la del cuello me dejó una cicatriz que me dediqué a ocultar, no quería que nadie la viera y me mirara con lástima.
Pero creo que ya es hora de superar los miedos.
Sonrío y vuelvo a recoger mi pelo en una coleta.
Los médicos me salvarlo al vida, les debo una, así que he decido estudiar medicina.
Quiero salvar vidas y devolver el favor.
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Acabé.
Me duelen las manos...y el hombro... u.u
En fin....ya me diréis...
*Sheila!!, noviia, no protestes que te curé... no el todo, es decir, siempre te queda algo que no te deja creer que todo va a salir bien y que nada más te va a ocurrir, así que "Cecilia" desconfía un poquitito de los hombres. tQiiero noviia!! (L)
*Jorge,¬¬ más te vale y que tu también hagas como "Jose", que esperó a que "Ceci" se curara... por que si no...¬¬
*Marta, te lo repito, no me psicoanalices...jajaja!! tQiiero Arteria!!
*Checho, la segunda parte...
*Adrian, creo que no lees esto...pero...te menciono igual...
*Juanjo, cuando leas esto, AVÍSAME!!
¿Sabéis? creo que voy a hacerle una tercera parte a esta historia...pero con el final triste y desde el punto de vista de "Jose".... vosotros que pensáis?
No hagáis como en la primera parte y dejadme un comentario, si no... ¬¬
Chaooooooo!!  :)